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Para nadie fue el fin del mundo
Por Editor | 16.06.08

En el deporte lo único más doloroso que perder es haber estado a punto de ganar.

Con ese sentimiento de frustración se fue Ecuador del Monumental tras el agónico empate de última hora conseguido por la Argentina cuando iban tres minutos de los descuentos.
Cerca de la hazaña y de un hecho histórico en el fútbol continental, el equipo amarillo abandonó el estadio con sus jugadores al borde del llanto, tomándose la cabeza repetidamente.
No sólo de vencer a los albicelestes se trataba, sino de los tres puntos que volvían a ubicarlos en la conversación, tras derrotas humillantes ante Brasil y Paraguay. No pudo ser. En el último suspiro, un pelotazo al área, una pelota peinada por si acaso por Cruz y una vibrante entrada de Palacio establecieron la igualdad. Hasta en esa jugada resistió Ecuador: el gol del delantero de Boca se produjo con el suspenso impuesto por la defensa empecinada del arquero Ceballos.
Ecuador se había colocado en la delantera al cabo de un tramo inesperadamente equilibrado que el partido tuvo hacia el cuarto de hora del segundo tiempo. Y la jugada fue colosal, en lo previo y en la concreción final del mediocampista Urrutia.
Lógico era imaginar un ataque irresistible de los argentinos. Messi al comando, la precisión de Gago en la conducción compartida con Verón, la presencia goleadora de Cruz y Agüero. No fue para tanto. Dominio sí, pero no como para decir que era estrictamente justo el empate. Fue Palacio, invitado a último momento, el que salvó la fiesta declinante.
Típico partido de uno que va y otro que espera, las alternativas del juego sólo sorprendieron en ese lapso de diez minutos al cabo de los cuales llegó el gol de Urrutia. Antes y después los albicelestes dominaron el terreno y se jugó como si la cancha fuese un plano inclinado. Conocido es el trámite que siempre se repite. El que va choca y el que se defiende se queda sin gente arriba como para retener la pelota. En ese sentido cabe decir que la selección local no merecía perder. Hizo el gasto, tuvo la pelota y quiso ser profunda, más allá de esos períodos en los cuales el placer de tocar hacia atrás y a los costados exaspera.
En eso de la pelota segura los argentinos son ases. En lo demás, cuando el juego debe hacerse vertical, profundo, la dependencia de Messi fue evidente. Tomaba la pelota el muchacho de Barcelona y el encuentro ofrecía una cierta electricidad, sacudía la modorra de la gente que se defendía del frío con las manos en los bolsillos. Poco las castigó el aire. No fue una tarde para los aplausos y si no fuera inimaginable que la Argentina quede eliminada, los dedos hubieran ido directamente a la boca para silbar al equipo. Todos saben, sin embargo, que la selección puede permitirse una tarde floja en ideas y despliegue, por lo que no hubo drama, menos aun con ese gol de Palacio. La frustración fue de los ecuatorianos. Acaso sabedores de que el equipo fue víctima del estrés de las exigentes competiciones europeas, con las vacaciones en el alma, los jugadores y la gente aceptaron que para nadie fue el fin del mundo. Tampoco el principio de nada.
Como consecuencia del “mal día”, la selección albiceleste sufrió las lesiones de Javier Mascherano y Juan Sebastián Verón. Además Martín Demichelis se perderá el encuentro frente a Brasil en Belo Horizonte.
Ahora hay que pensar en el encuentro de mañana frente a Brasil, que cayó 2 a 0 ante Paraguay, donde la selección podrá mejorar la imagen y darle una alegría a la gente que tanto la necesita hoy en día.